La historia de una foto

Veinte fotógrafos, veinte fotografías, veinte miradas, veinte historias.

Cuando Alexis Díaz me contacta en septiembre del 2011 para participar en el proyecto “La Historia de una foto” como comisario de exposición invitado a la elección de veinte fotógrafos, no le oculto mi alegría y entusiasmo. La idea me parece excelente, tanto en términos de forma como de fondo: una exploración donde se van “abriendo cajones” de la fotografía chilena actual, la que me interesa de sobremanera, siendo el único galerista en Francia, que la representa ampliamente y con regularidad desde hace casi 10 años.

¿Cuántos proyectos nacieron y se llevaron a cabo gracias al el esfuerzo de cada uno(a)?

Desde mi primera investigación en 2004, encargado por el Sr. Bourdon, agregado cultural en el Instituto Chileno Francés en Santiago; hasta el encuentro con José Moreno, en ese entonces director de los archivos fotográficos de la Universidad de Chile; que nos ha permitido dar a conocer al público francés, con el apoyo de la École Nationale Supérieure de la Photographie (Arles, Francia), al gran e histórico fotógrafo chileno, Antonio Quintana. De Rabat, en Marruecos, a Coquimbo (pasando por París, Biarritz, Nîmes y Berlín) y con la complicidad de nuestros homó-logos marroquíes reunidos bajo la bandera de la Asociación Marroquí de Arte Fotográfico (AMAP), logramos lo “improbable” a través de un doble proyecto de intercambio entre fotógrafos marroquíes y chilenos. De Santiago a Nîmes en 2011, donde inauguramos por primera vez en Francia, un gran evento que reúne el trabajo de varias generaciones de fotógrafos chilenos contemporáneos, y como “guinda de la torta”, la famosa exposición “Chile desde dentro”, organizada en 1990 por Susan Meiselas (Agencia Magnum).

Aquí estamos nuevamente construyendo una nueva etapa en una historia compartida, que por supuesto no puede en ningún caso ser resumida a una sola ni tampoco a veinte fotos!

La fotografía es una práctica en solitario, aunque, paradójicamente, los fotógrafos se organizan a menudo colectivamente.

Ya sea por razones económicas, para mutualizar fuerzas y equipos, ya sea por un gusto por el debate y el intercambio o por simple obligación profesional, sea voluntariamente o por la elección de terceros. La estructura colectiva muchas veces se adapta bien a la práctica fotográfica a través de proyectos conjuntos, talleres, agencias o colectivos, a través de exposiciones; la mirada del fotógrafo se codea con la de otros fotógrafos y sus distintos puntos de vista.

El ejercicio de reunir veinte fotógrafos tan diferentes se vuelve delicado…

Había que encontrar un hilo dentro de un vínculo invisible que nos permitiera reunirlos y a la vez mantener la autonomía creativa de cada uno.

El dispositivo se vuelve esencial en la tentativa de reunir a través de las generaciones y estéticas, un grupo de personas de muchas prerrogativas y anclajes históricos diferentes.

Analizando el soporte, éste nos ofrece varias cualidades. Como primer paso, el marco y la aplicación de restricciones, proporcionan un espacio delimitado esencial donde puede expresarse libremente y de manera singular, la mirada del artista centrada en una de sus obras. En una segunda etapa, el protocolo adoptado, el cual recita las historias a la misma velocidad y en las mismas condiciones didácticas; sugiere hábilmente al espectador una declinación heterogénea de una práctica artística y sus infinitas variaciones. La serie “La Historia de una foto” consiste en unidades cerradas en sí mismas y cuya “caja” funciona como un pequeño universo en sí mismo, donde orbita el ojo y el pensamiento, ambos escrutadores, en busca de pistas.

Para avanzar en esta dirección, sin aventurarse demasiado lejos, citemos a Walter Benjamin en La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica, escrito acerca de las fotografías de Eugène Atget realizadas a principios del siglo XX: “se ha dicho con razón que había fotografiado esas calles como si retratara la escena del crimen. A su vez, la escena del crimen es un lugar desierto – La foto que se obtiene ha de revelarnos ciertas pistas”.

Aquí la búsqueda de pistas es doble, si estudiamos con atención y cuidado la imagen guiada tanto por el comentario del autor y los movimientos -o cámara fija- que redefine la imagen que recorta y reconstruye la pesquisa que llevamos a cabo, como espectador del conjunto, abarca tanto la fotografía, como también el fotógrafo y su relación más o menos lejana a la obra que ha producido.

La fotografía aparece filmada, puesta en escena, entonces, física e históricamente.

Hay tres planos: la fotografía, que representa ya una escena real está a su vez representada –de manera muy diferente en función de cada uno– luego “disecada” y examinada por el autor que de alguna manera realiza su “autopsia”. Y, al hacerlo, se entrega a si mismo(a) en la autenticidad de su origen sin dejarnos percibir por completo los vínculos secretos que guarda con la fotografía. En el intento de identificar líneas generales, la mente se pierde en las numerosas ecuaciones visuales y sonoras. Observamos de manera recurrente, la imagen seleccionada a menudo única e iniciática, como también puede ser parte de una serie constitutiva de su trabajo o de su relación con la fotografía. Esta responde principalmente a la pregunta “¿Por qué?” Y en segundo lugar, a la pregunta “¿Cómo?”.

Pero sería vano intentar definirlo que –si existe algo– las conecta, ya que hay tanto que decir sobre cada imagen y su puesta en escena. No podemos aquí criticar ni en su amplitud ni su especificidad cada obra. Así que dejemos circular la mirada a través de las historias que cada imagen drena. Adivinemos los “hilos”  invisibles que tienen las fotografías como títeres en el escenario del teatro formado por la pantalla. Una invitación a sumergirse de manera efímera en estos pequeños tragaluces y sus agujeros yuxtapuestos, a una tortuosa deambulación de miradas azarosas. Porque si hay algo que aprender de esta experiencia es que la multiplicidad de visiones corresponde a la diversidad de historias humanas.

 

PATRICE LOUBON
Nîmes, enero 2013